Lupus

Lupus: tipos y diagnóstico

El pasado 10 de mayo se conmemoró el Día Mundial del Lupus. Una enfermedad compleja y cuyo nombre causa pavor (en parte, por series de televisión como House). Afortunadamente, la medicina actual puede mejorar el futuro de los pacientes y hacer que lleven una vida relativamente normal.

Su nombre significa “lobo” en latín. Y hace referencia a la erupción que puede originar esta dolencia en la cara, similar a las marcas que tienen los lobos en el rostro.

Se trata de una enfermedad autoinmune. El sistema inmunitario produce unas proteínas (anticuerpos) que protegen al cuerpo de invasores externos. Cuando un paciente tiene lupus, sus anticuerpos atacan los tejidos sanos.

Pueden dañar los músculos, articulaciones, la piel, vasos sanguíneos, cerebro… y casi todos los órganos.

Tipos de lupus

Hay cuatro tipos de lupus. El más común es el lupus erimatoso sistémico. Puede ser leve o severo y, como hemos visto, dañar muchas partes del cuerpo.

Por su parte, el lupus erimatoso cutáneo provoca erupciones en la piel. La más habitual es roja, escamosa y con forma de discos (erupción discoide), aunque no pica.

Otro tipo de lupus cutáneo es una erupción en las mejillas, que se extiende por el caballete de la nariz y tiene forma de mariposa. Por otra parte, el lupus cutáneo subagudo provoca ampollas tras tomar el sol.

La ingesta de algunos medicamentos puede causar lupus, pero los síntomas desaparecen al cabo del tiempo, tras suspender su administración.

Se trata de medicaciones con hidralacina, procainamida o isoniacida, utilizadas para tratar la hipertensión, arritmias y tuberculosis, respectivamente.

Finalmente está el lupus neonatal, que afecta a bebés de madres enfermas, aunque no es común. Los niños presentan erupciones cutáneas, problemas hepáticos o recuento bajo de glóbulos rojos. Pero en la mayoría de los casos desaparecen en unos meses.

Causas desconocidas

Todavía se desconocen las causas que originan esta enfermedad. Muchos expertos piensan que es una combinación entre predisposición genética, la acción de virus y agentes externos, y factores hormonales.

Estos últimos explican que las mujeres tengan más riesgo de padecerla, como sucede en 9 de cada 10 casos. Además, es más común en las personas afroamericanas y asiáticas. Puede desencadenarse a cualquier edad, pero en la mayoría de casos lo hace entre los 17 y los 35 años.

Hace años se pensaba que era una enfermedad rara. Los medios de diagnóstico no eran lo suficientemente precisos y sólo se detectaran los casos más graves. Sin embargo, ahora se registran casos que antes pasaban desapercibidos o tenían un diagnóstico erróneo.

No obstante, el lupus es un gran ‘imitador’. Sus síntomas son similares a los de otras enfermedades. Además, pueden aparecer, desaparecer y cambiar.

Entre los más comunes, además de los sarpullidos, están el dolor e inflamación de las articulaciones, dolor muscular, fatiga, fiebre, dolor de pecho, la pérdida del cabello o la hinchazón en las piernas y alrededor de los ojos. Otros síntomas menos comunes son la anemia, las convulsiones, un estado de confusión o sentimiento de tristeza.

Tratamiento del lupus

Para elaborar un diagnóstico, el médico debe buscar síntomas de inflamación –dolor, calor, enrojecimiento, hinchazón, pérdida de la función-. También debe realizar análisis y revisar el historial del paciente y de sus familiares cercanos.

El tratamiento requiere la colaboración de distintos especialistas. Generalmente interviene un reumatólogo, por su experiencia en el tratamiento de articulaciones y músculos. Pero también pueden participar dermatólogos, nefrólogos, neurólogos… según los órganos dañados.

La finalidad del tratamiento es frenar la hiperactividad del sistema inmunitario, evitar o disminuir los brotes, atenuar la inflamación y el dolor, reducir el daño en los órganos y equilibrar la producción de hormonas.

Los avances médicos permiten manejar los síntomas y que los enfermos de lupus tengan mejor calidad de vida. También es importante que los pacientes aprendan a manejar el estrés que les produce la enfermedad. Para ello, pueden hacer ejercicio o practicar otras técnicas de relajación.

 

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