Ictus: un problema de salud pública

El ictus sufrido por una popular periodista está acrecentado la preocupación por esta enfermedad. Y no es para menos. Porque estamos ante uno de los principales problemas de salud pública de España, donde se produce uno cada 6 minutos.

Según el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología, el ictus es la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda en los hombres.

Conocido también como Accidente Cerebro Vascular (ACV), embolia o trombosis, es además la principal causa de invalidez permanente en adultos.

¿En qué consiste esta dolencia? Se trata de un trastorno cerebrovascular causado por una disminución u obstrucción del riego sanguíneo. A consecuencia del mismo, no llega al cerebro el aporte sanguíneo necesario para el buen funcionamiento neuronal.

El 85% de los casos están provocados por la obstrucción de vasos sanguíneos (ictus isquémico). Y el 15% restante, por la rotura de una arteria o una vena (ictus hemorrágico). Los síntomas dependerán del área afectada por la disfunción.

Ictus y edad

A partir de los 55 años aumenta el riesgo de padecer un ictus de manera proporcional a la edad. Por cada década que cumplimos, dicho riesgo se duplica.

Si tenemos en cuenta que nuestra sociedad envejece a pasos agigantados, podemos hacernos una idea de la magnitud del problema.

Según la OMS, un 46% de la población tendrá más de 65 años en el 2050. Y casi la mitad de este segmentó podría sufrir un accidente cerebrovascular.

Además de la edad, existen otros factores de riesgo. Sobre algunos no se puede intervenir. Es el caso del sexo –el ictus se produce más en hombres, pero la mortalidad es mayor entre las mujeres-. O de los antecedentes familiares: situación en la que hay que aumentar la prevención.

Factores controlables

Pero hay otros factores que si se controlan, pueden disminuir el riesgo hasta el 80% de los casos.

La hipertensión arterial (HTA) es el factor de riesgo más importante para la isquemia y la hemorragia cerebral, detectándose en el 70% de los pacientes con ictus. Los valores por encima de 140/90 -130/80 en los diabéticos y pacientes con enfermedad renal crónica- deben ser controlados.

También tienen más riesgo las personas con enfermedades cardiacas, sobre todo angina de pecho o infarto de miocardio.

Otra enfermedad que aumenta la probabilidad de sufrir un ictus entre 2 y 6 veces es la diabetes. Como acabamos de ver, requiere limitar y controlar los niveles de tensión arterial.

También se ha detectado una asociación entre ictus y obesidad, hipercolesterolemia, sedentarismo y hábitos dietéticos como el excesivo consumo de sal. A esto hay que sumar malos hábitos, como el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas.

En el caso de las mujeres, la toma de anticonceptivos orales es un factor de riesgo. Sobre todo asociada al tabaquismo, hipertensión, obesidad o hipercolesterolemia.

Síntomas de alerta

Las probabilidades de sufrir un ictus aumentan si se tienen dos o tres factores de riesgo. Otro problema es que la precocidad en las conductas de riesgo está disminuyendo la edad media de los afectados.

Para prevenir esta alteración, es preciso controlar los factores de riesgo. Para ello, debemos mantener una dieta saludable, hacer deporte de manera regular; vigilar y tratar las cardiopatías, diabetes y otras enfermedades; controlar la tensión arterial y eliminar el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas.

También debemos estar pendientes de los síntomas de alerta de un ictus. Éstos son la pérdida brusca de fuerza, la sensación de adormecimiento en un lado del cuerpo, problemas para caminar, pérdida repentina de visión, alteraciones violentas del lenguaje o un dolor de cabeza fuerte y repentino.

 

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